2. Historia de Terror
TESTIMONIO
Las
enfermedades no se pueden prever. Orlando no sabía que moriría. El médico le
dijo que tenía cáncer en el estómago, creo que eso lo deprimió y tal vez fue lo
que lo mató, aunque tengo mis dudas. La primera vez que nos vimos, él conducía
una camioneta de reparto de pollo congelado, iba fumando, nos encontramos en
una calle por la universidad, creo que era Ocampo, se detuvo y me miró por el
retrovisor, sólo un momento y arrancó.
Esa noche cuando llegó a su
habitación, estaba mirando el techo, pensando que algún día todos vamos a
desaparecer y no sabremos nada más de este mundo, nada. Se escuchaba tranquilo,
relajado, como cuando se descansa después del trabajo, el cuerpo suelto y la
mente tranquila, eso reflejaba en su voz, dijo que tenía cáncer, fue parco, sin
emociones. Tenía planeado irse a su pueblo para recuperarse, no creía en los
tratamientos y la quimioterapia. Es el maldito estrés, decía. Yolanda lo
presionaba con irse a vivir juntos y casarse; el trabajo no era bien pagado y las
horas le resultaban extenuantes; su mejor amigo, Alfredo, lo había cambiado por
Reachel su futura esposa; y seguía sin dormir por las malditas sombras, esto
último lo tenía muy preocupado.
Las sombras aparecían y se quedaban
toda la noche junto a su cama, inmutables, como si fueran animales carroñeros
esperando el último aliento de Orlando. Él no podía moverse o no se atrevía, habría
los ojos y las contemplaba tratando de encontrar algún rasgo, una nariz, unos
ojos o un rosto demoniaco, pero sólo eran sombras. No era un efecto visual,
podía sentir su presencia, su bamboleo, como el que tienen los seres vivos
cuando tratan de estar quietos.
Las sombras estaban por toda la casa. Un día recorríamos el lugar,
buscando no recuerdo qué. Todos los rincones hasta su habitación. La sala y la
cocina-comedor estaban intercomunicados por una ventanilla que se abría. La
casa era oscura. Durante el recorrido, me quedé un momento en la sala mientras
los demás continuaban, hay una ventana que comunica la sala con la cocina, estaba
abierta, la oscuridad del otro lado era muy densa, me acerqué con sigilo
tratando de descubrir alguna forma en la inusual penumbra, entonces vi una
sombra contemplándome, era medio de día y tuve el valor de acercarme, tenía
forma humana, sin darme cuenta ya estaba en el quicio de la ventana, por
instinto metí la mano en la oscuridad y sentí que algo me tomaba, trataba de
jalarme, saqué la mano y la salí huyendo de allí. Tiempo después, cuando
Orlando contaba sobre las sombras me estremecía, conocía esa sensación
horrorosa, ese vacío que grita muerte.
El tiempo pasó y Orlando murió. Las
sombras se lo llevaron. El cáncer fue un pretexto terrenal para su partida. La
sensación de que miro a Orlando me asalta cada noche, no puedo moverme, sólo lo
contemplo, miro como se llena su cara de horror tratando de reconocerme y nunca
lo logra. Siento un vació en su mirada que me atrae. No puedo dejar de mirar su
rostro aterrado, me gusta.
Aquí no hay nadie, sólo sombras,
todos se han marchado de la casa. Un espejo descompuesto es el único testigo de
lo que pasa, sólo refleja sombras, incluso cuando me paro frente a él.
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