1. Diálogo Interior

Son casi las dos de la mañana y sigo escribiendo un montón de pendejadas, mañana no tengo que levantarme temprano, es más, nunca tengo que levantarme temprano. Me gusta engañarme y crear fantasías en mi mente, algunas son verdaderas y otras no, lo único que las define es que tanto las creo. Mañana será un gran día, me lo planteo así, ya lo dice la canción, finalmente es sólo una canción y hay de mí si dejo que las canciones definan mi futuro. Dicen que hay terapia de canciones, la musicoterapia. Pero ¿y si mis canciones no son adecuadas?, supongo que debe existir un tipo guía que diga cuales son las mejores canciones para mí, vaya mierda, aunque debo aceptar que las canciones transmiten y logran modificar nuestros pensamientos y estados de ánimo. Por ejemplo, cuando escucho Sepultura o Cannibal Corpse me dan ganas de soltar madrazos o sentarme con cara de odio mirando a la nada, o restregar mi ira en los riffs apretando los labios. Cuando escucho Billie Jean muevo el pescuezo como gallina al ritmo de los beats, también apretando los labios. Cuando suenan las notas de Tragos de Amargo Licor, no me hacen olvidar, también aprieto los labios y entre cierro los ojos para que no se me salgan las de cocodrilo. Y así, bueno, hasta con Amy Winehouse balanceo la choya con los labios apretados. Ya sé que dicen que el lenguaje corporal indica que tengo ganas de decir algo y no me atrevo, pero la verdad porque aprieto los labios es por el miedo de arruinar alguna hermosa canción con mi estridente voz. Ya son las tres de la mañana, mejor dejo la pluma fuente y guardo el pergamino, no vaya a ser que mañana no me levante temprano.

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